Poco a poco la lluvia fue amainando, se podía ver el lúgubre reflejo de la luna incidir sobre los cristales de casas sin luz, donde no había nadie. Esta vez, no llevaba los cascos puestos, no tenía ganas de escuchar música. Siguió caminando largo rato hasta que, llegó a un parque que atravesaba toda la ribera del río de su ciudad. Se sentó en un muro de piedra, de lado al río, aunque en la noche y aun siendo alumbrado por farolas, apenas se veía gran cosa, se quedó pensando. El muro estaba húmedo y frío, no tardó en darse cuenta de ello pero, no se movió.
No paraba de darle vueltas, ¿por qué se había fijado aquel chico? Tal vez el haberse quedado mirándole varias veces influía.
Sacó del bolso esa hoja que le había escrito. La volvió a leer varias veces, sin duda era letra de hombre. Cursiva, alargada y no era paralela al folio.
Un par de gotas cayeron sobre la tinta, y rápidamente lo guardó. Se quedó allí unos veinte minutos, mirando cómo la luz reflejada en el río se distorsionaba al caer gotas de lluvia. Llevaba la trenza más deshecha y despeinada que al salir de su casa.
Había comenzado la universidad ese mismo año y, vivía sola en un piso lleno de libros, lienzos, su piano, guitarras y violoncello, tenía una televisión que nunca o casi nunca usaba, sólo cuando echaban alguna película buena. Siempre leyendo, pintando, estudiando. Había hecho amigos allí, pero no le gustaba salir de fiesta, prefería la tranquilidad de una noche mirando las estrellas desde su habitación. Vivía en el centro de Valladolid, en un ático, desde su habitación podía ver, en las mejores noches las estrellas.
Comenzaba a quedarse más fría de lo que ya estaba y emprendió regreso a casa. Eran las once.
Veía pasar chicas, que no mujeres, vestidas con faldas de tubo que no le llegaban al muslo, escotes de vértigo y tacones de dos pisos. Mientras tanto ella, iba en botas militares tapada casi media cara con una bufanda que de pequeña le hizo su abuela, qué cariño le tenía.
Sus padres habían regresado por un traslado de su padre a Santander, donde vivían juntos antes de su nacimiento, en ocasiones les echaba mucho de menos, pero le gustaba estar sola.
Estando sola tengo tiempo para pensar en mi, puedo ponerme la música y comenzar a pintar. Puedo estar en silencio leyendo o tocando el piano. Caminar por la calle y pararme a mirar una tienda de música cuanto tiempo quiera, ir a una librería horas y mirar cada libro de cada sección. Tengo tiempo para escribir y dejar fluir mi imaginación. Pero por las noches nada es igual.
Y tanto que no lo era. Estar sola siempre no era bueno en su totalidad. Las noches, cuando tienes sueño pero no consigues quedarte dormido y comienzas a pensar, pensar demasiado. Pensar en todo lo que ocurre a tu alrededor y acababa recordando su pasado, el cual no es muy agradecido, la verdad. Mejor dejarlo en un recuerdo que no se volverá a recordar ni repetir.
No tardó mucho en llegar a su casa. Yendo a ella se encontró con un grupo de chicas de su universidad que le ofrecieron salir un rato, a despejarse. Ella dijo que mejor no, que quería leer un poco e irse a dormir, estaba muy cansada.
Dejó el abrigo en la entrada y fue a cambiarse a su habitación.
Dejó el bolso, empapado en el suelo y se desnudó rápidamente, tenía frío. Se puso una camiseta de su padre que le había cogido antes de que se marchara a Santander y unos leggins con calcetines hasta la rodilla. Sacó la nota del bolso y la dejó en su corcho, clavada con una chincheta en el lado superior.
Sacó su libro de éste y se tumbó en la cama a leer, hasta que se quedó dormida.
* * *
Las tres de la madrugada. Había dejado el móvil en la mesilla y se había encendido la pantalla, lo que la despertó.
Amodorrada se dio la vuelta, entrecerró los ojos e intentó ver con nitidez la pantalla. Era una notificación de twitter. Un nuevo seguidor.
El corazón le dio un vuelco involuntario, sí era el chico de antes. Miró un poco su twitter, era una segunda cuenta, como la que ella había escrito. En ella ambos vinculaban ese twitter a un blog. Desde ahí muchas más personas podrían leerlo. Estaba muy bien la verdad, además, en esa cuenta podían poner pequeñas frases y compartir las de otros.
Miró un poco su perfil, muchos de los tweets que tenía puestos eran muy melancólicos y tristes, de vez en cuando había alguna que otra canción. Leyó después su blog.
Estuvo más de media hora leyendo y era muy melancólico, muy entristecido y apagado. "Pobre hombre" pensó, aunque se identificaba con él, el suyo tampoco era nada más feliz. Le dio a seguir en la cuenta y volvió a dormir.
Tardó una hora en que el sueño pudiera con ella, no dejaba de dar vueltas pensando en él.
"Pero si no le conozco, hasta podría ser un violador" Pensó, echó una pequeña carcajada. Poco después el sueño pudo con ella.
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