domingo, 16 de febrero de 2014

Pasos contrarios a la noche.

Las diez de la mañana. "No sé qué hago despierta" Se dijo a sí misma. Hacía tan sólo un año, estaría de exámenes, ahora estaba de fin de semana de descanso. Domingo. Los solía aprovechar para escribir, leer. En el salón de su casa, había un ventanal que cubría del suelo al techo, desde ahí podía ver Valladolid completo. Tenía unas cortinas de forma que desplegadas a ambos lados de la ventana podía ver el exterior y colocó allí un sillón donde podría leer viendo el paisaje de una pequeña ciudad donde se había criado.
Se levantó perezosamente y subió las persianas de su habitación, era del tamaño de un salón mediano, allí tenía su piano, caballete con todas sus pinturas y paleta, lleno de cuadros por el suelo y un escritorio blanco lleno de libros de la universidad, un portátil con pegatinas de algunos grupos de rock, dos guitarras colgadas de la pared, una eléctrica Gibson azul y una electroacústica personalizada Fender. Tenía una pequeña estantería repleta de libros, completamente. No cabía ni uno más, un lado de las paredes cubierto por un armario empotrado donde tenía toda su ropa. Las lámparas de toda la casa excepto baño y cocina eran telas de araña que se había traído de su bisabuela desde Holanda, le gustaban mucho y decidió llevárselas, cayeron en desuso desde que ella murió cuando ella tenía doce años.
Todos los huecos libres que quedaban en las cuatro paredes estaban llenos de posters, partituras y fotos de ella con sus antiguas amigas del colegio. Por eso los cuadros estaban en el suelo. No cabía nada más. Se había comprado el piso hacía sólo unos meses, Septiembre, para ser exactos, cuando destinaron a su padre fuera de la ciudad.
Se recogió el cabello en una coleta y fue a desayunar a la cocina. Arrastraba los pies por el largo pasillo, la cocina era la sala siguiente a su habitación, que estaba en el recibidor de la casa.
Era muy simple, en el frigorífico había postales de todos los países que había visitado. Francia, Portugal, Italia y Holanda.
Desayunó algo desganada y regresó a la habitación para recoger un poco antes de salir a dar una vuelta mañanera.
Cogió su teléfono, lo desbloqueó y, para su sorpresa, tenía un mensaje.

Hola, tal vez no sepas ni quien soy, probablemente sea un desconocido para ti pero, creo que fuiste tú la chica que escribió esto en mi libro.

Adjuntó una foto del libro abierto con el post-it y su letra.

¿Te gusta leer? 

Fin del mensaje, tocaba responder. "Ay, ay, joder" Se había puesto colorada, no sabía qué responder, no sabía si responder si quiera. Se sentó en la cama y pensó qué decirle. "Sí, me gusta mucho leer, suelo...NO, no no, algo más.. No sé, bah, lo primero que se me ocurra"

Sí, bastante, suelo leer filosofía o libros de conspiración, no lo suele leer la gente.

"Ay, joder, ha quedado muy 'soy diferente y me creo especial' la he cagado, mierda" Se tiró de bruces en la cama y dejó el móvil a su lado, lo miraba cada pocos segundos, no llegaba nada.
El mensaje había sido enviado a las nueve, eran las once pasadas, y no tenía tweets desde las diez, tal vez no estaba al móvil. Comenzó a darle vueltas, literalmente daba vueltas en la cama como una croqueta, nerviosa. "¿Por qué estoy nerviosa, si no le conozco?"
Se encendió la pantalla de su ordenador. NUEVO MENSAJE DIRECTO
Nerviosa, puso el código de desbloqueo mal cinco veces, se bloqueó el móvil durante un minuto, un minuto largo, eterno.
Lo desbloqueó despacio, clic.

A mi mucho, también leo libros de ese tipo, me gusta mucho. Suelo ir a ese bar todos los días, podrías pasarte por aquí hoy, por la mañana, entre las doce y las dos suelo ir a leer, es un buen plan de domingo. ¿No crees? Será un placer hablar contigo.

"¿Me está pidiendo que vaya? ¿Un desconocido está quedando conmigo?" La apariencia de aquel chico la noche anterior era bastante buena y la sensación que le transmitía era proporcional. Le estaban entrando nervios. Eran las once y veinte. El bar está a diez minutos de su casa. ¿Y si era mentira? ¿Y si él no iba a ir? Bueno, probemos suerte.

Se desnudó y puso la música a tope, comenzó a bailar para distraerse de los nervios. No era de las mujeres que solían arreglarse en una cita. Nunca había tenido una.
La calefacción estaba puesta y por ello podía permitirse el lujo de estar bailando en bragas y sujetador por toda la casa mientras elegía la ropa. "Veamos, hace frío. Esto no, esto no, no, no, tampoco, no, arg" Iba pasando rápidamente las perchas de su armario. Al final, cogió unos vaqueros, sus botas militares, una camisa de tirantes, una chaqueta ancha de cuando su madre tenía veinte años, la verdad era muy bonita, su abrigo militar y una bufanda. Se trenzó el cabello como la noche anterior, bueno en realidad, como todos los días del año. Un poco de maquillaje para tapar y la raya y preparada.

"Las doce menos cuarto" Genial.
Cogió el bolso y salió, se puso los cascos y fue caminando por la calle. El Sol iluminaba radiante en lo alto del cielo y, ni rastro de las nubes, aún así, el suelo estaba encharcado. Iba bastante nerviosa, no sabía ni el tono de voz de él, ni si recordaría con exactitud su cara, ni cómo se saludarían, ni nada.

Llegó al bar, se quedó mirando el cristal unos instantes, y se decidió a entrar.
Una mañana de domingo, una mañana más.

Era la primera en llegar, lo notó por ser la única en el bar, a parte de una señora mayor, leyendo "Orgullo y prejuicio" al lado de la estantería de Clásicos.
Recorrió los mismos pasos de anoche, se sentó en la misma mesa y comenzó a leer el libro que había cogido la noche anterior.
Esperó ansiosa.

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