Entraba el Sol por la ventana y eso le despertó.
Había dormido apenas un puñado de horas y no recordaba si algunos pensamientos eran recuerdos de aquella noche o provenían de sus sueños. No dejaba de darle vueltas como una desconocida se había metido tanto en su cabeza y tan rápido. Miró el móvil y vio que tenía un nuevo seguidor, seguidora, era ella.
Algo le hizo pensar que necesitaba ver su rostro de nuevo, pensó en tratarla como a una twitera, como a una curiosa chica porque eso es lo que sentía él, curiosidad.
Curiosidad del porqué su cabeza actuaba así, por qué sus impulsos eran mayores a su razón.
Necesitaba indagar más sobre ella y, armado de valor, le mandó un mensaje.
* * *
Era domingo, y como cada domingo se levantaba, descolgaba una de sus guitarras eléctricas de la pared y ensayaba un par de horas hasta que, a mediodía más o menos, volvía al bar a leer otro rato.
No llevaba ni media hora cuando oyó su móvil vibrar. Un domingo por la mañana, nadie le esperaba, nadie le necesitaba, ¿o si? El caso es que el móvil vibró.
Sus ansias de verla aumentaron exponencialmente cuando sus sospechas, que comenzaron la noche pasada, se resolvieron favorablemente. Era ella, la gustaba leer y encima filosofía, como a él. Algo extraño y poco común.
Necesitaba verla, resolver dudas, aclarar ideas. Volvió a mirar el móvil y la mandó un mensaje, una citación, quería quedar con ella.
Podría haberse callado, podría no haber hecho nada, pero lo hizo y no comprendía por qué. Se sentía raro, normal dada la situación. Se acercaba la hora y no había recibido respuesta, no sabría si aparecería, se limitó a seguir tocando como método de relajación hasta el momento indicado.
Se vistió, cogió su abrigo donde estaba su libro y tras haber colgado su guitarra salió de casa.
* * *
Se acercaba a su bar y por una vez en su vida temía por sí mismo, sus pintas, de negro siempre; su forma de ser que no le aseguraba un ataque de nervios retroactivos haciendo parecer delante de ella un tímido antisocial. Eso si aparecía.
* * *
Entró y ahí estaba, intento no mirarla a la cara, distraerse y solo dirigirse a la barra, pues ella venida muy bien vestida, algo informal y con toque militar. Pidió una cerveza se giró y la miró.
Ella le estaba mirando él la miraba, se aventuró y comenzó a andar hacia ella.
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