Flequillo largo, delgado y de negro, siempre un libro en el bolsillo.
Un día de perros como otro cualquiera, era uno más, una sombra más. La mejor manera de relajarse era acudir allí donde la paz reinaba y podía vivir una vida que no fuera la suya.
Fanático de la cerveza y bajo la luvia, llegaba a uno de sus amados lares, cubierto de madera, polvo sobre un piano que ansía ser tocado, estanterías plagadas de libros pintaban las paredes y lamparillas alumbraban el lugar.
Ya de por sí debía bajar unas escalerillas, recogido, por debajo del mundo y, al fondo su sitio. Una pequeña mesa de madera alumbrada por un tenue farolillo que iluminaba con una luz ligeramente amarillenta.
Las mesas estaban desgastadas símbolo de la historia que albergaba tal lugar y en ellas reposaban los vasos a medio vaciar de los clientes que susurraban creando una atmósfera acogedora.
Él se sentía en casa, era idóneo para lo que necesitaba en aquel momento.
Pidió una extraña cerveza, cogió un libro que tenía a medio leer, colgó su abrigo y se sentó.
El libro lo sacó de la sección de filosofía y era de un pensador que se le había atragantado varias veces y a quien había llegado a odiar, Kant.
Lo abrió por una página donde se hallaba pegado un pequeño post-it, escrito por él a modo de marca páginas. Era condición en aquel lugar, podías coger un libro y tras acabar debías dejar un post-it con tu nombre, frase y Twitter.
Retomó la lectura como una tarde más, sin prisa.
Oyó unos pasitos entrar y acercarse a la barra. Luz.
Entre su flequillo vio como aquella figura femenina se acercaba hacia una de las estanterías, filosofía, curioso. Apenas pudo ver que libro había cogido ya que la miraba tímidamente con la cabeza medio bajada. Juraría que era de Kant, no podía ser, demasiada casualidad.
La vio de refilón mirando un par de veces, algo no tan raro, más de uno lo había hecho ya al verle leer por la calle. A él no le importo, "irrelevante" pensó.
Sus males se habían pasado, debía marchar, sentía algo en su interior al volver a mirar a aquella menuda chica. Cogió una hoja y escribió un mensaje con destinatario, con una mínima esperanza de que aquella chica se levantara a leerlo. Lo dejó al lado del libro. Colocó su post-it de nuevo en el libro, lo cerró, lo dejó en la mesa, se levantó se puso su abrigo y partió de nuevo bajo la lluvia.
* * *
Llevaba 10 minutos andando pero, pese a la lluvia, no había avanzado gran cosa. Pensaba.
Repasaba lo leído cuando se dio cuenta de que no había dejado el libro en su sitio, oros no le habrían dado importancia, pero él, que siempre lleva otro en el bolsillo, suyo, por si acaso, decidió volver a dejarlo para futuros lectores.
Llegó al bar y allí y su hoja ya no estaba, cogió su libro y buscó su marca, había un pequeño mensaje y un usuario en él, escritos con letra femenina. Era ella, él lo sabía, pero era imposible, "una sombra siempre será una sombra" pensaba, "se habrá confundido".
Cogió el post-it y se lo guardó en su abrigo a pesar de todo, dejó el libro en su lugar, subió las escalerillas y volvió a caminar por la lluvia entre sus pensamientos y bajo la oscuridad de su mente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario